viernes, 4 de diciembre de 2015






Urbanismo- Saia Ciudades Antiguas.

INTRODUCCIÓN.

El término Urbanismo procede de la palabra latina Urbs (ciudad), que en la antigüedad se refería por antonomasia a la capital del mundo romano, Roma. Sin embargo, no fue en Roma donde la ciudad, las aglomeraciones urbanas, tuvieron su origen.
El papel impulsor desempeñado por Mesopotamia sobre los valles del Indo, Nilo y Amarillo, con su irradiación de la cultura y el empleo y desarrollo de una tecnología incipiente, aparece hoy como indiscutido. Es posible establecer ciertos denominadores comunes a estos preludios urbanos de Mesopotamia y sus zonas de influencia. Eran pueblos y ciudades regidos por teocracias: autoridad reinante y sumo sacerdote eran una sola persona.
Por otro lado, desde sus comienzos, la ciudad ha sido una continua fuente de innovaciones técnicas como consecuencia de su papel de residencia permanente de los trabajadores especializados. En efecto, la aparición misma de las ciudades aceleró considerablemente los cambios culturales y sociales; se puede afirmar que la revolución urbana tuvo una importancia equivalente a la revolución agrícola que la precedió y a la revolución industrial que la seguiría.
Hay, como se ve, dos aspectos fundamentales que, alternándose como causa y efecto, producen organizaciones sociales muy parecidas: el perfeccionamiento de la tecnología y la división del trabajo. El hombre se asienta cuando cuenta con la tecnología necesaria para producir alimentos.
Supera así la profunda dependencia que para la subsistencia le obligaba a la recolección y, como consecuencia, al nomadismo. La producción queda en manos de los agricultores, y aparecen los organizadores de la distribución de este producto, de su almacenamiento, del trueque de los excedentes, del uso y destino de los productos del trueque. Surge la necesidad de los artesanos, de los funcionarios, de los sacerdotes, de los comerciantes, es decir, la división del trabajo. Los líderes, los jefes de todos estos sectores, se transforman en las clases dominantes que tienen su residencia próxima entre ellos. Este hecho constituye, una vez establecido, un factor de máxima importancia.
La división del trabajo y el intercambio o trueque favorecen fuertemente la productividad. Superar el problema del espacio es un objetivo que se aplica tanto a la producción agrícola (fijando límites a las distancias de los centros urbanos con sus tierras periféricas de influencia) como a la propia organización urbana. Así, artesanos que practican el mismo oficio se reúnen, viven y trabajan en las mismas calles o barrios; más aún, los factores de poder, los sectores dominantes económicos, políticos y religiosos, hacen lo propio: se concentran.
En definitiva, el nacimiento y desarrollo de la ciudad moderna, quedó patente de forma muy clara y precisa en dos de las más relevantes civilizaciones de la antigüedad: La Civilización Griega y la Civilización Romana.




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